El velo de la novia, una pieza con historia

El velo que lucen algunas novias en su boda es tan solo un complemento hoy en día. Sin embargo, tras esta pieza que cubre la cabeza y el rostro de la novia, hay toda una historia y una simbología. En las civilizaciones griegas y romanas el uso del velo por parte de las novias tenía un significado simbólico basado en la superstición, pues se creía que el velo protegía a la novia de los malos espíritus. En las civilizaciones orientales el velo se empleaba para evitar que el novio viera el rostro de la novia hasta haber finalizado el enlace, pues normalmente los contrayentes se conocían en el mismo momento de la boda. El velo, además, se llevaba en señal de respeto a Dios en las bodas judías y cristianas. Más tarde el velo adoptó connotaciones de pureza, paz y virginidad de la novia en la cultura occidental. Según parece fue la reina Victoria Eugenia de Battemberg quién lució por primera vez el velo “moderno” en su boda con Alfonso XIII y quién lo popularizó, al igual que el vestido blanco de novia. Hoy en día existen muchos tipos de velo e incluso tocados entre los cuales las novias pueden elegir el que más se adapte a su gusto. También hay novias que prefieren no utilizarlo.

Con el paso del tiempo se han desarrollado tradiciones como la de tener un velo familiar con el que las mujeres de una familia se van casando de generación en generación. En este caso, lo mejor es ir con el velo familiar a la hora de comprar el vestido para que ambos queden bien en conjunto. Esta tradición es también un buen modo de añadir un toque personal y sentimental al atuendo nupcial de las novias.

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